¿Cómo son nuestras relaciones? ¿Qué relaciones construimos en nuestra vida? ¿Qué relaciones mantenemos en ella? Y lo más importante, ¿cómo es la relación con nosotros mismos?
De la relación con nosotros mismos va a partir cualquier relación que establecemos fuera, de ahí la importancia de tener una relación sana con nosotros para poder tener relaciones que establezcan vínculos sanos hacia fuera.
¿Has oído muchas veces frases del estilo “háztelo mirar” o “eso te lo deberías trabajar”? ¿Quién te lo dice es ejemplo de ello? Punto importante a reflexionar, puesto que mediante el ejemplo somos fuente de inspiración y hablamos sin palabras, hablamos con hechos, realidades y coherencia. Por el contrario, mediante los juicios, la persona que los emite nos está dando información suya, puede que sean puntos de mejora existentes en ella, que en vez de trabajarlos y ser ejemplo, decide continuar con la conducta inefectiva y tóxica de verter sobre ti sus tareas pendientes. Probablemente ni siquiera lo sepa, puesto que cada uno vemos la vida y la percibimos en función de nuestro nivel de conciencia. Lo que está claro es que si nos descubrimos mirando hacia fuera, con conductas de este tipo como hábito, es importante que reflexionemos acerca de lo que tiene que ver con nosotros.
Cualquier persona consciente y responsable de su vida, conoce la importancia de construir una relación sana con ella misma, para poder disfrutar en su vida de relaciones sanas y constructivas, incorporar la comprensión e incluso la compasión cuando vea en otros estos comportamientos y ser capaz de identificar y poner límites en aquellos ámbitos y con aquellas personas con las que la relación cruza límites que decida no permitir. Cada uno elegimos nuestras relaciones, cómo alimentamos nuestra vida, las conversaciones que tenemos, las palabras que usamos con nosotros y con los demás y lo que queremos potenciar.
Una persona sana siempre hablará desde ella, siendo consciente de su responsabilidad en todo lo que acontece en su vida, decidiendo de manera libre lo que quiere crear y encontrando en cada relación y situación un aprendizaje a incorporar. Sabrá que es su labor y de nadie más gestionar sus emociones, pensamientos, sentimientos y conductas inefectivas, descartando totalmente la opción de responsabilizar a los demás de ello, siendo consciente de cuando crea expectativas, sabiendo que son fruto de su imaginación y gestionando los sentimientos que puedan generar cuando el otro simplemente se comporte como decide, porque es el otro, un ser libre y recorriendo su camino, al igual que nosotros recorremos el nuestro bajo nuestro criterio. ¿Difícil? Un entrenamiento diario que no todo el mundo está dispuesto a incorporar. ¿Merece la pena? Bajo mi punto de vista la alegría, la alegría de ser libre, responsable de ti mismo y eligiendo avanzar hacia la evolución del ser humano, aportando luz a este mundo y nuestro granito de arena.
¿Qué pasa cuándo elegimos quedarnos en el rol de víctima? Hablamos de los demás, vivimos experimentando un continuo resentimiento de todo lo que “nos han hecho y nos hacen”, juzgar es un hábito, usamos un lenguaje tóxico, destructivo y acusador, construimos relaciones que restan, restamos, y, evidentemente, no evolucionamos, nos pasamos la vida en el mismo sitio, preguntándonos por qué nos pasa siempre lo mismo y por qué los demás hacen tal cosa, siguiendo con nuestra lista de puntos de mejora intacta o incluso aumentando.
¿Qué relaciones quieres en tu vida? ¿Qué decides hacer y qué quieres vivir? Todo es aplicable a relaciones familiares, laborales, de pareja, de amistad… Puede que seas el único de tu entorno que inicie un recorrido hacia el cambio, puede que seas la persona valiente y consciente que se atreva a salir del bucle. Ten claro que cada vez somos más las personas que queremos sumar, sabiendo que ese es el camino y la salida en hacia adentro, para poder compartir y relacionarnos con los demás siendo personas sanas, libres y completas.
“El que culpa a otros tiene un largo camino por recorrer en su viaje. El que se culpa a sí mismo está a medio camino. El que no culpa a nadie, ha llegado”.
Proverbio chino