«La disidencia controlada en la espiritualidad»

En un mundo absolutamente manipulado y corrupto, sobre todo en los últimos años, podemos ver claramente cómo la “espiritualidad” se ha convertido en un negocio. Sin más. Sin más objetivo que acumular adeptos que buscan un salvador.

Se nos olvida la intención detrás de cada cosa, la intención que le ponemos a todo lo que hacemos e impregna con nuestro propio sello todo lo que emanamos. Por ello, las personas que lo tenemos como misión de vida, trabajamos desde otra posición interna y otro nivel de consciencia, evidentemente, muy superior.

Las personas que nos dedicamos a la espiritualidad y al crecimiento personal, lo hacemos porque es lo que se nos ha empujado a hacer desde otros planos. Superamos nuestros traumas constantemente, porque vivimos en coherencia y aplicamos todo lo que decimos. Nuestra vida es ejemplo de nuestro crecimiento y nuestra autenticidad. Y, también, somos seres humanos, por lo que nos vamos reajustando y mejorando constantemente.

Desde mis nueve años de experiencia como coach y veintitrés como dietista, acompañando personas, puedo afirmar que son muy pocas las que asumen la responsabilidad de su vida a nivel emocional. Abundan las que quieren una solución rápida y fácil, ir a que alguien “les haga algo” y listo.

Hay otras, que asumen la responsabilidad de su vida y siguen adelante caiga quien caiga, porque sí, mucha gente va a caer de tu vida como resultado de tu evolución, principalmente porque muchas de esas personas son parte del problema y obstaculizan tu evolución a través de su manipulación. Recuerda: quien sea tu referente debe querer que crezcas y debe alegrarse por ello.

Hablemos de gurús, de rituales, de activaciones y de personas que desde su posición de carencia interna y de irresponsabilidad, caen en sus redes. Toda la gente que quiere algo rápido tiene un gran abanico de posibilidades, sobre todo desde la plandemia, momento en el que todo el mundo de repente se convierte en terapeuta. Y está genial que haya muchas personas para acompañar a otras, pero deben estar bien cualificadas y ser aptas para ello.

Todo aquel que vaya a un grupo donde se está trabajando desde una posición interna que no es la correcta, está entregando su energía a algo que no le va a ayudar en absoluto. Cuando trabajamos con alguien, partimos de nuestra propia vibración y, por supuesto, de la de todo nuestro equipo del plano espiritual con el que trabajamos y nos acompaña (y sus respectivas herramientas), que hace que la nuestra propia se eleve muchísimo. También influye todo lo que usemos para armonizar el espacio donde estamos, como plantas, naturaleza, hierbas, minerales…

Nuestro equipo nos va activando y nos va realizando los ajustes necesarios, nos va preparando para nuestros siguientes pasos. Es un proceso que se hace con amor y cada alma es diferente. Necesitamos personas que nos acompañen desde el amor y nos sintamos seguros y especiales como el ser tan precioso que somos en esencia. Los cambios se dan de forma progresiva, aunque a veces haya cambios muy drásticos de un día para otro. Necesitamos conocernos en profundidad y conectar con nuestro proceso de alma y con nuestra misión de vida.

Tenemos que discernir muy bien cuando nos ponemos en manos de alguien, desde antes de elegir que sea esa persona.

Las modas actuales son desconectan de nuestro ser y prometen resultados para personas que ni siquiera tendrían la capacidad energética de soportarlas y les pueden abrir procesos demoledores.

La espiritualidad real es silenciosa, no hace ruido. Se siente en paz, no hay gritos, ni músicas electrónicas, ni luces de neón, ni espectáculos visuales de los procesos privados de las personas. Es íntima y respetuosa. No necesita alardes, porque ES.

Encuentra tu centro y conecta con tu SER.

Tu Alma te guía.

«La normalización de la mentira»

Tristemente, vivimos en un mundo en el que lo “normal” es mentir. Las personas mienten, en ocasiones, compulsivamente, evitando a toda costa asumir su responsabilidad emocional y las consecuencias con otros. Un mundo corrupto, insano y sin valores, en el que se pretende quedar bien con lo externo para sentirse parte, pero se traiciona lo interno, lo real y la propia esencia.

Es difícil encontrar a alguien a quien mirar a los ojos y sentirte en casa, porque la mayoría de las personas ni siquiera se respetan a sí mismas. ¿Cómo van a irradiar verdad en la mirada? Las mentiras en todo su rango, incluso las “mentirijillas piadosas”, como se suelen llamar, son la muerte lenta del alma.

Estamos generando una energía a nuestro alrededor constantemente, procedente de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, que se va quedando en nuestro campo energético y ello produce retroalimentación. Si emanamos una vibración inarmónica nuestro campo, progresivamente, acumula ese patrón vibratorio, lo que nos repercute negativamente, ya que estaremos, cada vez más, en un ambiente inarmónico, gestionando con suma dificultad nuestra mente. Por tanto, en una vida en la que se normaliza mentir, nada armónico puede haber como resultado.

Y la pregunta es: ¿Por qué mentimos? ¿A qué se le tiene miedo? ¿A vivir al margen de quedar bien? ¿A que la gente no te acepte o no encajes en un lugar determinado? Lamentablemente, este tipo de miedos hacen que nos perdamos en una corriente infinita de negatividad, que, además, retroalimentamos sin ser conscientes, lo que hace que nos sintamos peor.

Tenemos miedo de hablar, de decir la verdad, de quedar mal con los demás, de estar solos, de que nos señalen con el dedo… Esto hace que se resuene con personas que no nos aportan, que no nos valoran y que solo ocupan un lugar, un lugar que solo muestra atrozmente el propio vacío interior.

Cuando salimos a la calle, tenemos que relacionarnos con personas desequilibradas todo el tiempo y, a veces, para las que sí hacemos nuestro trabajo interno y cultivamos nuestro crecimiento, resulta totalmente agotador. Tu vas a tu aire, pero siempre aparece alguien con un desaire, una mala mirada o un mal gesto. Entonces, sabemos perfectamente que eso no es correcto, que eso no está bien, pero, en ocasiones, no decimos nada. Y aquí empiezan los “no se habrá dado cuenta”, “tendrá un mal día” o “no pasa nada”. Es justo en este preciso instante cuando nos traicionamos. Sabemos que nos están tratando mal y seguimos, excusamos, sentimos culpa por querer respetarnos y buscamos cualquier justificación absurda para autoconvencernos de que no tenemos razón. Por supuesto, la tienen los demás.

La primera mentira que hay que erradicar, es la mentira a nosotros mismos. Sabemos cuando nos tratan mal o cuando algo no están bien. Tenemos que hacernos caso. Tenemos que hacernos caso siempre.

Es normal que tengamos dudas, ya que hay una parte nuestra, nuestro ego, lleno de creencias limitantes, además de interferencias externas a nivel energético que nos pueden cambiar el estado. Por ello, tenemos que ser fuertes en nuestra postura y, sobre todo, observar nuestro cuerpo: si algo nos tensa el cuerpo, no está bien. Si nuestro cuerpo no está relajado con la situación que vivimos o con la decisión que estamos tomando, necesitamos ponerle atención a ese tema para resolverlo de la manera correcta.

Cuando nos decimos la verdad, decimos la verdad. Cuando nos tratamos bien, tratamos bien. Cuando estamos en armonía y presencia, todo es más fácil. Podemos reflexionar y percibir de manera más consciente todas las sensaciones que experimentamos y los estímulos que recibimos. Solo necesitamos atención, silencio y observación. Atendamos al cuerpo y hagámonos caso.

Otro punto fuerte en este tema es la garganta. Aquí tenemos un centro energético que no va a estar en equilibrio si no hablamos y no nos expresamos desde nuestra verdad interior. Necesitamos expresarnos y normalizar no llevarnos bien con todo el mundo ni estar a gusto con todo el mundo. Tenemos el derecho de elegir nuestras compañías y nuestra vida, sabiendo que hay un precio que vamos a pagar, como la persecución, calumnias, envidias y todo tipo de emanaciones energéticas afines al lado inarmónico.

Si queremos hacer algo: hagámoslo. Si no queremos: digamos que no queremos. Solo emanando verdad podemos atraer verdad.

Empecemos a hablar y a vivir desde nuestra verdad interior. En tus últimos días solo te importará lo coherente que has sido.

«Almas que Brillan como la Luz del Sol»

Existen almas tan bonitas como la luz del sol. Ellas brillan, se ilusionan, aman, son felices y se cuidan para expandir su luz, porque han entendido que esa es la clave de su propósito. No hay nada más fácil (y difícil) que Ser. Eso implica permitir la destrucción de quien creías que eras una y otra vez, para que, de esa forma, resurja como el Ave Fénix tu nueva versión actualizada con tus nuevos códigos de luz e información.

¡Qué almas tan valientes! Son ejemplo de vida y de superación. Son faros para otras almas que buscan su camino y anhelan comprensión. Son Maestras y aprendices al mismo tiempo, porque nunca olvidan que su evolución es constante y esta encarnación en la Tierra significa el tránsito de su Maestría interior.

Dedico estas palabras a todas ellas, en lo que está implícito dedicármelo a mí misma, para honrar nuestro camino y llenarlo de ánimos y fuerza, porque sí, estamos sometidas a envidias y mal por parte de más personas de las que nos gustaría.

Somos almas sensibles y, a la vez, extremadamente inquebrantables, y contamos con una gran protección del plano espiritual. Nosotras no deseamos mal a nadie, no es nuestra labor, para eso está la Ley del retorno y las jerarquías correspondientes.

Es importante que sigamos nuestro camino, recordando quiénes somos, para no perdernos en la negatividad que generan otros, proveniente del propio conflicto interno, carencias e infelicidad.

Las almas que brillamos como la luz del sol estamos centradas en nuestro proceso y evolución, siendo ejemplo para los demás. Inspiramos a otras personas que no saben cómo transitar su proceso o, sencillamente, no comprenden lo que viven ni su repercusión ni envergadura.

Generalmente, hemos vivido y/o, vivimos, procesos muy duros que pueden tumbar a cualquiera, pero la diferencia, es que siempre nos vamos a levantar. Podemos caer, una y otra vez, pero nos vamos a levantar y vamos a encontrar la forma de salir adelante, porque somos resolutivas y constructivas.

Nosotras no generamos conflictos, por el contrario, los solucionamos. Nos dedicamos a resolver los problemas que crean otros y, también, a limpiarnos su negatividad, porque no nos pertenece. Parece que a veces esto no tiene sentido, porque en nuestra mente no existe esa forma tan retorcida de vivir, pero tristemente así es este planeta, en el que tenemos que convivir con personas y seres muy desagradables, los cuales no quieren evolucionar y deciden hacer el mal.

Cuando somos quienes somos, nos dejamos ver. Y eso es lo que tenemos que hacer. Aunque muchas veces podamos querer tirar la toalla, es importante que siempre recordemos nuestra esencia, porque eso es lo real. Eso es lo que otras almas que brillan como la luz del sol, van a reconocer. Y, hoy en día, con tanta “espiritualidad prefabricada”, no hay nada más importante que discernir, para salir de las estafas y pérdidas de tiempo.

Comparte tu vida con las personas que te sumen y haz cosas que llenen tu corazón. Esa es la gasolina de tu espíritu y lo que hace que te brillen los ojos, lo que hace que tu luz esté presente.

En este comienzo de año 2026, lleno de buenos propósitos, el mío es centrarme en la gente que sí quiere, que sí apuesta, que sí se atreve, que sí hace el bien.

A todos los demás: a Dios.

Solo quiero en mi vida Almas que Brillen como la Luz del Sol.

Gracias Infinitas.

Amor, Paz y que Brille Eternamente la Belleza de Nuestra Esencia.