Quien muerde la mano que le da de comer

Hoy, dentro de esta sección de artículos de denuncia, llamada “A cada cerdo le llega su San Martín”, les toca el turno a tres exalumnas y exclientas, que son claro ejemplo de personas que muerden la mano que les da de comer.

Las personas que acompañamos a otras en su camino y, me voy a centrar en la parte energética, nos vemos envueltas en todo tipo de situaciones, algunas preciosas, otras muy retadoras y desagradables. Nos ponemos en riesgo continuamente al “limpiar” a las personas, cosa que mucha gente pasa por alto, y vivimos peripecias dignas de ser contadas. Al tiempo, te ríes. En el momento, no, pero lo llevas con mucha seguridad y actúas de manera impecable, ya que eres guiado y asistido desde otros planos.

Normalmente, la mayor parte de la gente, te llega con muchas cargas negativas, como hemos estado todos en momentos de crisis: con problemas, poca lucidez y necesitados de ayuda. Yo me desvivo en mi trabajo, pero, también, pongo límites tajantes cuando es necesario. Quien se porta bien, me va a tener siempre. Quien no, va a salir inmediatamente de mi vida y va a dejar de contar con mi protección y bendición, claro está.

Analicemos los estados por los que pasan estas personas. Suelen llegar con muchas ganas de aprender y con mucha simpatía. Son conscientes de que cargan un cuadro energético que les está bloqueando la vida y sienten claramente estas presencias, tanto en su vida como en su casa. Estas presencias les molestan, incluso para dormir y, cuando llegan a mí, las vamos limpiando y, consecuentemente, todo empieza a mejorar. Ya no sienten esas presencias que, hasta les cogían la cabeza cuando se acostaban a dormir, sino que ahora la energía que sienten en casa es paz y calma. La vida les empieza a mejorar también: les salen oportunidades de trabajo, proyectos, se les desbloquean temas en su vida que estaban estancados… Un sinfín de cosas maravillosas.

En los casos que voy a exponer, también mejoraron mucho a través de los cursos de Registros Akáshicos, Aquí, las personas, si no son humildes e íntegras, puede que se tuerzan. ¿Por qué? Porque cruzan la fina línea que conduce al lado oscuro: vivir desde el ego y usar todo el avance de manera equivocada, creyéndose superioriores a los demás, teniendo prisa por ganar dinero de pitonisas y, lo más grave, olvidándose de su trabajo interior, de la coherencia y del código de Honor de las Jerarquías de la Luz, el cual dejan de cumplir al instante y, con ello, además, ellas solas, se apartan.

Conozcamos a An y Sor, de Cieza, dos piezas de mucho cuidado. Las dos llegaron a mí hechas unos zorros. Parecían buena gente.

An, desde el primer momento, me pidió ayuda para pagar los cursos en varias veces, porque, supuestamente, no tenía dinero. Le di facilidades. Después de limpiezas energéticas y el primer curso estaba genial, mucho más alegre y de buen humor, cosa que no la caracterizaba antes.

Sor, se hizo sus limpiezas, su primer curso y hasta un retiro. Llegó a mí con la mirada perdida, algo característico cuando la persona está intervenida por energías externas: mirada opaca y perdida. Después de cada sesión le cambiaba la cara y recuperaba su luz. Ella fue creciendo y su vida fue mejorando.

Fueron, en ambos casos, meses de mucha evolución y buena relación, hasta que todo se torció. Llegó el segundo curso de Registros Akáshicos y empezaron los problemas. An y Sor se habían hecho “amigas”. An me había vuelto a pedir pagar a plazos el curso. Por otro lado, Sor me contaba sus quedadas con An y estaba feliz de ser su amiga. Yo empezaba a ver cerca el final, percibiendo que An se había torcido y se estaba aprovechando de Sor, a la que arrastraría con ella.

An dejó de cumplir sus plazos de pago conmigo y, le dije, muy educadamente, en varias ocasiones, que qué le pasaba, que no había recibido su ingreso, sabiendo que ella sí tenía dinero para sus gastos y salidas, por lo tanto, se estaba riendo de mí. Qué templanza hay que tener para lidiar con estas individuas. Me dice que me paga el día del curso y le digo que no. Automáticamente, me hace el ingreso y se enfada. Sí, sí: se enfada.

Llega el día del curso y ya sé, de antemano, cómo está el patio. Fue una jornada en la que se terminó de ver la intención de cada una y, se veía claro, que mi trabajo con ellas iba a finalizar. Además, compartieron coche con otra compañera del curso. Yo las había puesto en contacto para que minimizaran gastos y, resulta, que Sor le cobró 30 euros de gasolina por una distancia en la que el gasto real es un tercio, teniendo en cuenta que iban tres en ese coche. Un auténtico disparate. Yo las puse en contacto para que compartieran gastos, no para que estafaran ni robaran a otra persona y les pagara el viaje a las dos.

Estas cosas son lamentables, pero hay más. Esa noche tuvieron el rostro de mandarme un correo a través de Sor, diciéndome que les mandara el diploma, sin haber completado el curso. Los diplomas se entregan una vez hechas las prácticas y verificado que están correctas, pero ellas querían el diploma sin completar el curso. Esto es lo que ocurre una vez que te pasas a la oscuridad: se adopta el estilo de la inmoralidad. Tenían mucha prisa por sacarle pasta a la gente. No hacen falta más estafadoras, hacen falta personas comprometidas que hagan un buen trabajo. No certifico a nadie que no complete el curso correctamente. Yo cumplo a rajatabla el código ético.

La tercera persona en discordia es “la tijeretas”. El proceso con ella fue más largo y tuvo unos cuantos puntos de inflexión. Esta persona empezó muy bien y tuvo una penosa manera de echarlo todo a perder, tanto su proceso, como su relación conmigo.

Otra que empezó muy bien: sus limpiezas, sus cursos… y hecha una un pincel. Qué agradable y qué formal parecía. Es a la alumna a la que más he apoyado, tanto en todo lo que ha necesitado, como recomendándola, e, incluso, con diferentes directos para darla a conocer, cuando tenía miedo y no sabía ni por dónde tirar. Qué tiempos aquellos.

Tuvo algunos momentos en los que se alejó un poco, parece que se quería torcer, pero al tiempo volvía, hasta que, se torció definitivamente.

Durante el proceso, varias veces tuve que ponerle algún límite, el más fuerte a raíz de que pusiera en una publicación que había creado ella el primer curso de Registros Akáshicos que iba a impartir y que había estado mucho tiempo preparándolo. Una aberración, teniendo en cuenta, que el manual es heredado. No le dije nada, soy muy paciente y, una vez hecha la Maestría, yo me aparto, ya se encargan las jerarquías correspondientes de vetar a quién no hace el bien. Sabía que volvería algún día, porque todo se ordena, siempre. Ese dia llegó antes de dar su primer curso, cuando me mandó un mensaje nerviosa y con miedo de cómo le iba a salir. Hablamos y le comuniqué que no me pareció nada bien que mintiera. Me dijo que lo había puesto la persona que le gestionaba Instagram. En cualquier caso, me parece muy extraño no verificar el contenido en el que se supone que eres la titular. Pidió disculpas al día siguiente, después de reflexionar.

Para pagar su último curso, también me pidió facilidades y tampoco las cumplió. Al día siguiente de cuando me tenía que haber hecho uno de los ingresos, le pregunté y le sentó muy mal. Vaya tela. Esto es universal: si tú te has comprometido en hacer algo y no lo haces, debes avisar, sea un ingreso, tomar café o hacer una llamada. Tienes que avisar tú y, la parte que tiene motivos para estar enfadada, es la parte que se ve perjudicada por tu falta de compromiso. FIN. Esto es ley en la buena educación, en la palabra que se da, que simboliza nuestra identidad, y en las relaciones humanas.

A pesar de todo, vuelvo a empezar de cero y doy otra oportunidad. Venga, pues vamos a por la traca final, que no os va a dejar indiferentes. Después de un tiempo, viene a mí, porque se siente baja de energía y, efectivamente, así era. Estuvimos trabajando y mejoraba de manera maravillosa.

Paralelamente, decidimos retomar un proyecto conjunto que hace tiempo se habló por encima. Trabajamos muy bien, hasta que llegó el momento de ejecutarlo. Noté cosas extrañas, pero sé que, en cierta forma, es normal por los nervios del directo cuando no se tiene mucho bagaje. Hubo una actividad, que pretendía ser muy bonita y un plato fuerte, en la que yo le sugerí que hiciera un ritual de limpieza a través de nuestro pelo, uniendo así varias de las disciplinas con las que ella trabajaba. Este ritual fue un corta y pega de toda la vida, siendo algo vacío y sin sentido, ya que la idea original era que lo creara, que lo canalizara, que fuera propio… Cuando trabajamos almas conectadas, siempre llega información para enriquecer nuestros procesos y esto, formaba parte de ello. Tengo una parte muy bonita de ser canal de abundancia para otros y me viene mucha información para que las personas se desarrollen.

Bien, después del ritual collage, unas canciones energéticamente oscuras y, algún gritito, que acojonó a más de uno y, a más de dos, llegó el tijeretazo final o, más bien, el navajazo. Avisó de que cortaría un mechoncito simbólico y, yo, le había dicho, anteriormente, que me cortara sin miedo, que al llegar, iría a la peluquería a arreglármelo, pero claro, lo que yo no sabía, era, que me iba a cortar de cualquier forma y a dejarme unos trasquilones que me obligarían a cortarme un palmo de pelo para emparejarlo.

Pues nada, con sensaciones raras y el sonido de los tijeretazos que escuché cuando me cortaba el pelo en la cabeza, me fui a la peluquería. Me dijeron dos peluqueras sin saberlo y sin hablar entre ellas, que ese pelo estaba cortado con navaja, no con tijeras. Y mal cortado, que estaban todas puntas rotas.

Yo me sorprendí y, al salir, le pregunté a la tijeretas, con mucha educación, si me había cortado el pelo con navaja. A continuación, me lió un pollo tremendo. No entiendo esa manera de alterarse si se ha cortado con tijeras y la conciencia está tranquila. Entendí que de esta no había vuelta atrás. Le devolví el dinero que me había enviado para su próxima sesión conmigo y “corté” por lo sano. Ese sí que fue un buen corte. Y limpio.

La tijeretas hace algo que hace mucha gente, aprovechan para descargar su ira contra mí, esa ira acumulada de años, puede que de toda una vida, que no han tenido huevos de sacar, pero a mí si me la echan. De nada. Esa es una de mis funciones, catalizar procesos.

Las grandes personas que acompañan a otras con un trabajo profundo de luz, cuentan las mismas historias: que hay alumnos con los que acaban teniendo problemas por temas de ego, porque los intervienen.

Tenemos mucha pacienda, precisamente, por eso, pero es cansado tener que sufrir muchas veces estos ataques de gente que muerde la mano que le da de comer.

Dejad las manos de quien hace el bien seguir llenando de luz todo a su paso. Tenemos mucho que hacer, porque nosotros sí trabajamos con la Luz, somos humildes y aprendemos todos los días.

Somos grandes maestros y grandes aprendices. Almas inquebrantables. Somos solo unos pocos, pero existimos.

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