«A veces, nos endurecemos»

En un mundo en completa decadencia, a veces, nos endurecemos. Rodeados de ruido, hipocresía, artificialidad e inconsciencia, a veces, nos endurecemos. Y es que, hay que ser muy valiente para mantenerse en pie en medio de semejante panorama.

Cuando las personas me dicen que es difícil el crecimiento interior, tienen razón. Pero, reflexionemos… ¿Qué otra posibilidad hay para vivir una vida sana y consciente? Existen dos opciones: seguir viviendo desde nuestra sombra o salir del rol de víctima y asumir la responsabilidad de nuestra vida.

Tristemente, la mayoría de las personas escogen la primera opción. Solo tenemos que salir a la calle para verlo, o, a veces, ni eso. Vivimos entre cuatro paredes de cemento, rodeados de personas que aspiran a ver la tele, comer, comprar, dormir (con medicación un porcentaje muy elevado), gustar a los demás y estar a la moda que marca esta sociedad decadente.

Una actividad tan simple como hacer la compra, por ejemplo, se convierte en una odisea: ruido, prisas, personas lanzando los productos al carro, empujándote en la cola, sin respetar el espacio personal y, por supuesto, esta agradable experiencia termina con la persona que hay en la caja tirándote los productos como si fueran basura.

Sales a la calle y te cruzas con personas con mirada triste, enfadada, incluso te pueden mirar mal, a ti, que vas a tu aire, intentando sobrevivir en este mundo hostil. También te puedes chocar con ellas si van con el móvil en la mano y se topan contigo porque ni siquiera te ven.

Llegas al coche, por fin, y procedes a irte a casa, cruzándote con coches dirigidos por personas desequilibradas, saltándose las señales de tráfico, con el móvil en la mano escribiendo mensajes y barbaridades por el estilo. Si vas en trasporte público, la experiencia es estar escuchando las conversaciones de todo el mundo con su móvil, la mayoría con el manos libres.

Llegas a casa y quieres estar en paz, pero puede que tengas vecinos alrededor ruidosos, irrespetuosos… A veces, ni en casa puedes estar en paz, y tienes que estar exigiendo respeto, algo que debería ser básico y normal, pero claro, cada quien tiene su propio concepto de todo ello y, para muchas personas, hacer el mal es lo normal.

Para rematar, muchas personas tenemos al mayor enemigo en la familia, como, por ejemplo, unas hermanas que te maldicen y te desean el mal, además de hacerte responsable de sus problemas, carencias y desequilibrios. Qué fácil sería si fueran a terapia a solucionar su vida vacía y carente de sentido. No deben saber, a estas alturas, que esa envidia y ese mal se soluciona en su interior.

A veces, nos endurecemos, porque es insoportable estar rodeados de mal. Se nos hace muy difícil empezar cada día con ilusión y movernos en estas frecuencias densas y desequilibradas. Ahora bien, somos personas muy fuertes y resurgiremos una y otra vez, porque nosotras no deseamos el mal a nadie, no faltamos el respeto a nadie y no generamos conflicto con nadie. Nosotras somos personas que nos centramos en buscar soluciones, en sanar y en vivir de la manera más armónica posible dentro de este cuadro.

Después de esta exposición, nada agradable, pero real y necesaria, quiero mostrar mi apoyo a todas las personas que, como yo, marcamos la diferencia y, a pesar de las dificultades, sabemos que el camino es vivir desde nuestro corazón, por muy duro y lamentable que sea a veces vernos involucradas en estas situaciones, por mucho que se nos intente tirar por tierra y bloquear.

Sería muy bonito perder de vista todo esto, pero, precisamente, muchas personas como yo, estamos sembrando en tierras áridas, donde nos enfrentamos cada día a este mundo hostil y tenemos como propósito plantar una semilla diferente, una semilla de consciencia, de luz y de amor.

Por supuesto que en el día a día nos cruzamos y tratamos con personas bonitas, pero el porcentaje es muy pequeño. ¿Tal vez un 5%? Siento que si digo 10%, ya me estoy pasando, porque hablo de personas reales, no de apariencias. Todos tenemos problemas, retos y temas que solucionar. Cómo nos dirigimos, es la clave. Nuestro interior es sensible, amoroso y tiene mucho que aportar.

Mucho ánimo a toda la gente que me dice que se le hace difícil tratar con la mayoría de las personas, cómo veis, a mí también me pasa. A veces, sientes que te tiran un cubo de basura encima y, esa basura, no nos pertenece.

Seguiremos en el camino, aportando luz y consciencia, sembrando en tierras áridas y transformando la energía negativa que recibamos en arte y en combustible para abrir nuestros caminos. Somos muy fuertes y cada vez que resurgimos y nos dejamos ver, contribuimos a apoyarnos, da igual que no nos conozcamos.

Es posible ver la belleza en un mundo hostil, porque la belleza está en nuestro interior. Permitamos que nuestra luz brille más que nunca y sigamos inspirando.

A veces, nos endurecemos, pero, a pesar de todo, elegimos hacer el bien.

«Encontrar la calma en el caos»

Muchas veces tenemos la ilusión de que algún día todo estará en calma, estaremos en paz, tranquilamente y sin sobresaltos en nuestra vida. Sin embargo, he de decir que lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos es aprender a encontrar la calma dentro de ese caos que tanto evitamos.

No podemos pretender tener una vida estática y, de hecho, diría que conforme avanza nuestra evolución interior, hay más y más movimiento. ¿Por qué? Porque estamos preparados para abordar nuestros procesos personales, esos, que a lo mejor hace tiempo, nos hacían huir y buscar diferentes maneras de evadirnos.

Seguro que muchas personas ya somos conscientes de que tenemos un propósito de vida, temas que sanar y aprendizajes que trascender. Todo ello, se va a empezar a poner sobre la mesa en nuestra andadura en este planeta. La parálisis, la falta de movimiento y una vida estática y controlada al milímetro, nos sacan de nuestro estado de flujo, aquel en el que estamos en conexión con nuestra alma y nuestra parte más elevada.

Conforme vamos caminando por la vida y evolucionando, vamos siendo conscientes de que el secreto está en fluir en el momento presente y que el control es una ilusión. Hay mil movimientos que no podemos controlar y, cuando somos capaces de movernos en la paz del presente, vamos aprendiendo a relacionarnos con la incertidumbre y con la apertura que recibe las sorpresas que nos tiene preparadas el día a día.

Es fundamental que incorporemos la neutralidad en nuestra vida y, para ello, nos podemos ayudar de muchas técnicas y herramientas como la inteligencia emocional, la meditación, la respiración consciente, el yoga, el silencio, la soledad, la autoobservación, salir a la naturaleza y hacer cosas que nos gusten y nos llenen de vida. En definitiva, traer consciencia a nuestra vida.

Si observamos, en el momento presente, no hay “problemas” y, estar en calma, nos permite encontrar soluciones. Es importante crear un vacío en nuestro interior para que pueda llegar nueva información, nuevas ideas, propuestas y soluciones. A veces, tenemos la solución delante y no somos capaces de verla. Es importante gestionarnos interiormente y estar en calma para ser personas resolutivas.

La vida nos puede tumbar una y otra vez, pero la clave está en cuántas veces estamos dispuestos a levantarnos para seguir. La resiliencia, resurgir como el Ave Fénix y volver a la vida después de cada proceso trascendido, es todo lo que tenemos que hacer como seres humanos. Porque, piénsalo bien, ¿crees que hemos venido a vivir una vida estática?

Está claro que cada ser humano está en su propio momento evolutivo, pero, ¿qué sentido tiene repetir patrones? Creo firmemente que cuanto más nos salimos de lo establecido, mejor vamos.

A veces entramos en el drama y en el victimismo, puede que sin darnos cuenta y eso nos hace perder mucha energía y mantener ese estado emocional. Nuestra gestión emocional es el complemento perfecto para mantenernos en equilibrio y con los sentidos despiertos.

Vivir en el presente, en conexión con nuestros dones, apreciando la vida y cada oportunidad que se nos presenta, nos ayuda a ver de otra manera cada situación y proceso conflictivo. Por supuesto, necesitamos mucha fuerza interior, voluntad, determinación y compromiso, pero todo ello nos hace invencibles e inquebrantables.

Y, como siempre digo, no nos tiene que gustar todo lo que vivimos, pero es nuestra la responsabilidad de tomar acción y gestionarlo, pidiendo ayuda cuando sea necesario y asumiendo la autoridad que nos compete interiormente.

Por otro lado, estas situaciones y todo lo que vemos como caos, nos lleva a crecer y a superarnos de una manera increíble. Cuando no huyas de tu tormenta, encontrarás la paz. Serás capaz de entrar y relacionarte con cada uno de los elementos desde otro lugar interior, fluyendo y sacando provecho.

Atrévete a liderar tu vida. Sigue. No pares nunca.